domingo 14 de febrero de 2010

Pareja y revolución?

No es secreto para nadie que desprecio San Valentín. Incluso creo que a mi compañero no le ha sido tan fácil de asimilar, pese a que él mismo no es un gran fanático de este día del consumismo. Pero leyendo uno de mis preferidos blog he encontrado este post respecto al amor, la pareja y la fidelidad entre los Montoneros (organización insurgente argentina de la década de 1970) y he creido que pegaba mejor aquí que en los otros blogs.
Dada la fecha, ahí se los dejo.

Y, a quienes celebran hoy, que la celebración sea símbolo de lo que son día a día y no la imposición de lo que la imagen del "american dream" pretende implantar en nuestras mentes.

Un montón de amor
(por Carolina Aguirre)

Los montoneros, influidos por la moral revolucionaria de los 60´ y 70´, sostenían el ideal ético que encarnaba el "hombre nuevo", cuya conducta necesariamente se oponía a la moral pequeño burguesa y liberal. Este hombre nuevo debía ser fiel, monógamo, austero, y debía abandonar las conquistas amorosas y extravagancias sexuales propias de los ideales liberales. Debía trabajar para la revolución sin considerarlo un sacrificio y definir precisamente sus sentimientos: elegir una compañera para hacer el amor, para tener hijos, para convivir.

Al ser ésta una ética colectiva (El art. 16 del Código de Justicia Montonera prohibía el adulterio), una aventura entre miembros casados ponía en peligro la cohesión del grupo. Todos los integrantes confrontaban a los culpables y les imponían una pena que podía oscilar entre un encierro transitorio o la expulsión definitiva.

Lili Mazzaferro, la esposa del poeta Paco Urondo, cuando descubrió la infidelidad de su marido lo acusó ante los líderes montoneros y exigió la expulsión de su esposo, que finalmente fue degradado y enviado a otra provincia.

Una integrante del ERP, por ejemplo, encontró una carta romántica entre la ropa de su esposo, escrita por una compañera de la misma célula. La mujer elevó el conflicto a la estructura nacional de la organización guerrillera y su marido, quien era parte del Bureau Político, fue sancionado y separado de su cargo. La infidelidad se publicó en los boletines que leían todos los militantes, y a "la otra" la ubicaron como alumna en la escuela en la que la esposa legal era profesora, y la obligaron a leer los boletines durante las clases.

Sin embargo esto del "hombre nuevo" tenía sus vaivenes: una militante del ERP denunció a su marido ante la conducción del grupo porque se negaba a lavar los pañales de su hijo, aduciendo que ese tipo de reivindicaciones feministas eran propias del primer mundo y que Argentina estaba recién en una etapa de liberación. Que no lo apuraran, que las cosas, debían ir por grados.

Fuentes de consulta: Caparrós, Martín / Anguita, Eduardo, "La voluntad" tomo III y v, 1era edición, Buenos Aires, Booket, 2006.

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